Nada sacude a México… sólo el H1N1
Hace tiempo no se presentaba en México un evento de tal magnitud que sacudiera a la población. Ni las ejecuciones del narco, ni la escalada de violencia y crímenes, robos, secuestros… nada… no parecía haber algo capaz de inmutar, o peor aún, paralizar a los mexicanos. Aunque no tiene poco tiempo en el país (se hablan de reportes de brotes con hasta seis meses de antigüedad), el virus H1N1, inicialmente conocido como influenza o gripe porcina, ha azotado a México en todos sus sectores.
Desde hace semana y media aproximadamente los medios de comunicación, la programación televisiva y los mensajes de extrema urgencia del Presidente y el Secretario de Salud pusieron en alerta a la población entera, dejándola en una pausa ante la gravedad de la situación.
La población entera se volcó por completo a la psicosis de la epidemia en la compra de cubre bocas, guantes desechables, botellas de alcohol y gel antibacterial, así como de todo producto que pudiera ayudar a evitar la propagación de la enfermedad. Boletines y anuncios, aún de la iniciativa privada, han estado anunciando sin cesar las medidas para evitar posibles contagios. La cancelación de clases, primero en el Distrito Federal y el Estado de México, para posteriormente hacerlo a nivel nacional, suspensión de labores en empresas, en oficinas administración pública y el constante anuncio en medios de comunicación de los grados de alerta de la Organización Mundial de la Salud alertaron aún más a los incrédulos.
Parte de todo este bombardeo mediático ha desembocado en una serie de teorías que invocan múltiples causas: Shock Doctrine, el boicot a las marchas del Día del Trabajo, el aniversario de Atenco, una gran farsa del gobierno, etc. Todo esto –según aseguran algunos autores- es fruto de “perversas” mentes. Entre las más descabelladas teorías (y de mis favoritas) es la del fallido ataque biológico para matar Obama en su reciente visita. Incluso otros dicen que es un complot de Blockbuster para reactivar su negocio de renta y venta de películas.
Demasiadas suposiciones y poca información. Ante un panorama como este sólo nos queda dejar de lado la psicosis y pensar en la premisa más sencilla, y ésta es la que responde a los reclamos sofocados por años sobre la crítica situación del sistema de salud del país, que sin distinguir partidos o sexenios, resulta evidente el pobre estado en el que vivimos. La falta de infraestructura para atender al común de la población que hace uso de los servicios del Seguro Social, la escases de medicinas, la poco desarrollada red de servicios médicos y la falta de preparación del personal médico (a pesar de sus considerables excepciones), entre otros, han puesto a las autoridades a trabajar a marchas forzadas lo mejor que se puede.
Sumado a estos factores existen otros como la pobreza, marginación y el escaso acceso a servicios médicos en la mayoría de la población. Repartir mascarillas en la calle es como una aspirina para curar un cáncer. Esta nueva mutación del virus nos ha puesto en el centro de todas las miradas a nivel mundial, es la medida de la desigualdad social en nuestro país frente a los demás países donde se ha presentado el brote, y es que es más difícil hacer un razonamiento basado en las premisas evidentes que culpar al gobierno.
Esta pausa no puede detener al país, es urgente la reactivación de todos los sectores económicos, y de toda la actividad productividad a nivel nacional, y principalmente la postergada mejora a los servicios de salud. Sin misterios ni complots, el país está enfermo desde hace tiempo con la corrupción, el narcotráfico, y ahora la influenza, que parecer venir a rematarnos. No queda más que sumarse al fortalecimiento de las estructuras políticas del país, rasurando teorías que no ofrecen más que drama e intriga.

