Democracia: ¿Una ficción en México?
Por: Jorge A. Quintanilla Dieck
Los bajos niveles de educación en México no sólo afectan gravemente la seguridad pública, también tiene grandes efectos negativos en la democracia.
Por segunda vez en mi vida me tocó vivir unas elecciones en el extranjero, en esta ocasión en España, y quedé sorprendido con un hecho que me hizo reflexionar y analizar (lo cual obviamente me llevó a comparar) lo que he vivido aquí y en México. El hecho: en las elecciones de Asturias uno de los grandes ganadores fue un partido político creado 5 meses antes de la elección. .Después de analizar el resultado y comparar con México, llegué a una conclusión un poco alarmante: México no es exactamente lo que debe ser una democracia. ¿Cómo concluí lo anterior? Y más aún, ¿por qué digo que es alarmante?
Antes de proseguir, les cuento la historia. Foro Asturias es el nombre del partido político que fue creado en el mes de enero de 2011, justo cinco meses antes de las elecciones que se llevaron a cabo en mayo de este año. ¿El fundador? Un político disidente del Partido Popular, con amplia experiencia en la política nacional española, a quien dicho partido le había rechazado postularse como candidato a Presidente de la Comunidad Autónoma (equivalente a un Gobernador en México). Motivado por lo anterior, fundó su propio partido y se postuló por el mismo. Y ganó.
Ese hecho me puso a pensar mucho sobre las elecciones en México. ¿Sería posible que un político disidente del PRI, PAN o PRD creara su propio partido político y tuviera alguna posibilidad de ganar? Mi respuesta a esa pregunta fue un rotundo no. Entonces me pregunté, ¿por qué? Concluí que la razón es ese concepto que ha sido tan degenerado y que se conoce como la “ingeniería electoral”. Y eso fue lo que me preocupó.
Mi razonamiento fue que es prácticamente imposible que se replique en México lo sucedido en Asturias debido a ese concepto de la “ingeniería electoral” del cual algunos políticos se jactan de ser expertos y otros tantos (casi todos) lo promueven como la única formula para ganar elecciones, aunque no sea más que una práctica antidemocrática del quinto mundo.
La ingeniería electoral consiste, literalmente, en la compra de votos mediante prácticas tan diversas como el regalo de despensas, lonches, electrodomésticos, entre muchas otras cosas que no hacen más que influenciar el voto en base a dádivas, cuando una verdadera democracia consiste en influenciar el voto en base a propuestas e ideas. El voto se convierte en un bien comerciable.
Aunado a lo anterior, las redes de ingeniería electoral las manejan, principalmente, los partidos políticos en conjunto con las organizaciones sindicales y los gobiernos en turno, en éste último caso, aprovechándose de las enormes ventajas que da el erario público. Es así como el voto individual pasa a segundo (o tercer) término y lo que a los candidatos les importa obtener son los votos de distritos o colonias enteras (por lo general donde radica gente más humilde), y ello lo obtiene a través de la “ingeniería electoral”.
Ello conlleva a la triste realidad de que en México gane quien tenga el plan más grande de “ingeniería electoral”, y eso hace prácticamente imposible que un nuevo partido político, que no cuente con una gran cantidad de recursos y, por ende, no cuente con esas redes de “ingeniería electoral” tan costosas, gane una elección.
Un punto importante a destacar es que la “ingeniería electoral” es efectiva debido a los bajos índices de educación cívica y los altos niveles de necesidad que existe en gran parte del país. Y, al final de cuentas, eso hace que el voto no sea tan libre como debería serlo en una verdadera democracia.
En México, difícilmente (por no decir que nunca), pasaría lo que sucedió en Asturias ya que tenemos una especie de “democracia de ficción”, en donde el voto termina siendo un bien comerciable. Y ello es consecuencia de la falta de educación y la sobrada necesidad que tiene gran parte de la población. ¿Solución? Como en casi todo, la educación es la clave. ¿Propuesta? Cada uno podemos poner nuestro ladrillo para fortalecer esta democracia enseñando a gente de nuestro alrededor que carezca de educación cívica. Una propuesta sencilla que, considero, puede ser el primer paso para construir una verdadera y sólida democracia en nuestro México.

