El catastrófico legado de Joe Paterno
Los terribles eventos que transcurrieron durante los años en que Joe Paterno estuvo a cargo del equipo de fútbol americano de Penn State han marcado de por vida a muchas personas.
Entre más información recibimos del caso, más inhumano, inmoral e inexplicable parece ser que las trasgresiones de un entrenador asistente hacia niños hayan formado parte de un encubrimiento que eventualmente destruiría el legado de uno de los hombres más querido en el deporte colegial, y posiblemente la decadencia de uno de los programas atléticos más importantes de la nación.
Jerry Sandusky es el nombre del criminal que pasará el resto de su vida en prisión al ser encontrado culpable por abuso sexual a menores. Es sencillo culpar a Sandusky, pintarlo como el monstruo de la historia e seguir adelante. Lo complicado sale a la luz después de que un investigador privado llamado Louis Freeh y sus colaborados publican su investigación como el Reporte Freeh sobre Penn State. Ahí descubrimos que aunque Sandusky actuó solo en sus atrocidades, varias personas estaban conscientes y sospechaban de sus actividades pero no hicieron nada al respecto. Estas personas, incluyendo a Joe Pa, decidieron proteger el programa en lugar de proteger a las posibles víctimas.
En 1998 la madre de una de las víctimas se quejó públicamente declarando que Sandusky se había duchado con su hijo en los vestidores del equipo de fútbol americano. Al paso de los años hubo más señales, que Joe Pa, el ex vicepresidente de la universidad Gary Schultz, y el ex director atlético Tim Curley decidieron no investigar. Esta decisión, es la que personalmente provoca más curiosidad. Tres personas que anualmente reciben un ingreso cercano o mayor al millón de dólares y que tienen todos los recursos de una universidad de los Estados Unidos, decidieron no utilizarlos. Tal vez fue el miedo a que la información se esparciera o simplemente quisieron vivir en negación. Sea la razón que sea, decidieron poner al programa por encima de las víctimas.
Durante años Sandusky continuó con sus crímenes mientras que el programa y el legado de Paterno crecía y crecía. Víctimas y víctimas caían en las garras de este abusador, y las personas que tenían la habilidad de detenerlo decidieron no hacerlo. Este es un reflejo de nuestra sociedad, personas que al ser colocadas frente a este tipo de situaciones ponen ambas cosas en la balanza, y la decisión es proteger a la organización y al programa millonario de fútbol americano.
Es fácil para nosotros mirar atrás y decidir qué hubiéramos hecho en sus zapatos. La realidad es que no sabremos qué parámetros fueron tomados en consideración para tomar esas decisiones. Lo que sí sabemos es que muchas vidas fueron arruinadas por algo que aparentemente pudo haber sido prevenido. Las víctimas de Sandusky sufrieron de abuso; Joe Pa ha fallecido y su legado continúa en declive; Curley y Schultz enfrentan cargos criminales por mentir ante un jurado, y la NCAA ha tomando la decisión de castigar el programa de Penn State por esta situación. Irónicamente, el mismo programa que trataron de proteger podría ser destruido por sus acciones.
Atletas que no tuvieron absolutamente nada que ver en esta situación están siendo penalizados por algo fuera de sus manos. El programa que era considerado tan valioso como para esconder a un pedófilo y mantener su reputación intacta ha recibido una “pena de muerte” disfrazada. Una multa de USD $60 millones, pérdidas significativas de becas y vetados por 4 años de aparecer en un tazón colegial. Por encima, Penn State será removido de todas sus victorias de 1998 al 2011, quitando a Paterno de todos los libros de récords colegiales. La NCAA entregó un castigo sin precedentes y prácticamente condenó al programa.
¿Qué nos ha dejado el escandalo de Penn State? Una reflexión de nuestra sociedad y del valor que le damos a las cosas que consideramos “más grandes que la vida”.
Joe Pa no fue ningún santo, pero así fue tratado los últimos años. Penn State no fue un programa perfecto, pero así fue visto por décadas. Hoy que los vemos con diferentes perspectivas, queremos destruir cualquier memoria posible de aquellos tiempos en los que vivimos engañados, pero en realidad, ni Joe Paterno ni Penn State pidieron estar ahí, nosotros les dimos ese pedestal y ellos nos dieron una probada de la cruda realidad. Todos fuimos víctimas de un encubrimiento, pero también fuimos espectadores de cómo las acciones –o falta de éstas– de tres personas y los crímenes de un pedófilo derrumbaron un pequeño imperio moderno.
VIDEO: La estatua de Paterno siendo retirada del estadio de la Universidad de Penn State.
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