Es tiempo. El domingo más importante del año
La hora llegó. Después de varios meses –por no decir años– de campañas electorales, los mexicanos estamos a días de elegir al próximo presidente. Con la democracia en pañales, nos enfrentamos a las urnas con más preguntas que respuestas y con tres partidos y candidatos que no convencen a muchos.
En un ejercicio de hacer una mejor elección he leído cada artículo que me ha llegado, he estado conectada a la red, atenta a todo, y hace un mes compré el libro de Denise Dresser El País de uno.
La lectura me ha convencido de muchas cosas, entre ellas, que los mexicanos hemos aguantado demasiada basura de parte de los políticos de este país. Un traspié tras otro y siempre pensamos: “bueno, robaba pero nos ayudó”, “era corrupto, pero no había muertes”, “fue un tonto, pero la economía iba bien”.
Allí reside el gran error: ¿por qué justificamos y mantenemos en el poder a políticos llenos de peros?
Es momento de elegir convencidos de nuestro voto y demandar un buen gobierno con la misma convicción. No justificar a la clase política. Lo que no sirve, debe ser relegado y el que roba, debe ser encarcelado. Décadas de priísmo corrupto, pero que “mantenía el orden”. Años de gobierno panista, “con violencia, pero buena economía”.
Hoy los priístas más corruptos siguen libres y merodean con un sonrisa el Palacio Nacional. Ahí están Salinas de Gortari, Humberto Moreira, Roberto Madrazo, Ulises Ruiz, Mario Marín, una lista interminable de nombres relacionados con el enriquecimiento ilícito, el crimen organizado y el clientelismo.
Caminan a sus anchas y van, probablemente, a sentarse en el congreso, y seguramente serán visitantes asiduos de Los Pinos si Enrique Peña Nieto gana la elección.
El fin que provocó Fox hace 12 años, hoy lo revive él mismo. En los días más recientes se ha dedicado personalmente a darle respiración de boca a boca a los priístas. Es tanto el odio del ex presidente a Andrés Manuel Lopez Obrador, que ha vendido a su partido y a su candidata, que ha traicionado a los votantes que hace 12 años pusimos una cruz sobre su nombre.
En retrospectiva, no me arrepiento de esa decisión que hoy nos enfrenta a un país con mayor libertad de expresión y con la necesidad de repensar el voto. Un país donde hace 18 años era impensable creer que podíamos elegir a nuestro líder. Ahora somos “libres” para votar, podemos decidirnos por chile, mole o pozole y tenemos acceso a la información, aunque a veces sea complicado. Ahora nos falta saber exigir después del voto.
La ciudadanía no sólo se cumple cada seis años en julio. Se cumple cada día informándonos y exigiendo a los políticos que cumplan sus promesas de campaña. Cada peso de su sueldo lo pagamos nosotros y cada mala decisión que toman, también. El poder que tenemos hoy los mexicanos no es cualquier cosa.
Cada quién tiene el derecho de ejercer su voto como mejor le parezca, pero debe hacerlo con convicción. Es terrible escuchar, “voto por el PRI, porque me va ir bien”, y que a los otros millones de mexicanos nos llevé… “Voto por el PAN porque es mujer” y qué tiene que ver el sexo con las habilidades para gobernar.
“Voto por el PRD, porque le toca” ¿vivimos en un juego de ruleta y a todos les tiene que tocar?
Un voto pensado es saber por quién votamos y conocer su gabinete, sus políticas e ideologías. Es pensar en que me puede ir mejor, pero también como le irá mejor a mis compatriotas; para eso vivimos todos dentro de las mismas fronteras.
Es imaginar como será el futuro en materia social, de seguridad y económica. El primero de julio es muy importante. Ese día conoceremos si los mexicanos sabemos ejercer nuestro poder en una democracia. Y el 2 de julio sabremos, si “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.

